“Señor, ¿no debo odiar a los que te odian y estar hastiado de los que te atacan? Con un odio perfecto yo los odio y para mí también son enemigos” Salmo 139

BEN

Benjamin Jacob Grimm, tú no naciste en la lengua del rabino Lowe.
Tu condena es mi planeta convertido en el gueto de Praga
y el tectónico estremecimiento de tu piel al saber
que Alicia Masters no se enamoró de tus irradiados ojos azules.

Fue su nombre escrito debajo de tu lengua de arcilla
lo que la salvó de Onslaught, aboliendo a la razón comida por la furia
y al desafortunado encuentro con la Muerte, dándonos algo de aire
con la fe puesta en que las dos mitades de los nuestros podían ser una sola cosa.

Cierra los ojos y lapida tu memoria. Ve dentro de tu alma líquida,
proteica, viva, carnosa, y dime si el peso del Mjölnir destrozó tu corazón
matando lo único tibio debajo del manto de roca: la ceguera de Alicia
esculpiéndote una felicidad adentro, como si el bien mayor fuera posible.

Benjamin Jacob Grimm, tú no tienes grabado el aleph en la frente.
Tu condena es mi planeta, un monumento al Capitán América
que nos pone el asilo allá, lejos de casa, después de mil Guerras Secretas
en las que encontraremos un rostro y otro nombre nos parecerá suficiente.

18012013_LaMoleGólem

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