Vea 13 segundos de PAISAJENO: el primer ejemplar

El proyecto PAISAJENO, siendo premeditadamente breves, es un intento de poner en tensión las estructuras de la página [por eso el formato digital deviene inapropiado] y las dinámicas lectoras, a la vez que intenta entrar en un delirio cuyo origen no es el antilogos poético sino, paradójicamente, los corsés de la métrica de la tradición occidental pero invisibilizada. Incluso el rigor de las categorías gramaticales tiene una marca poderosa en la construcción de las imágenes de buena parte del poemario, pero con la idea clara de que esta estructura interna no pueda verse en una primera lectura. Además, en el avance de la lectura se va proveyendo al lector de referentes aislados en suplementos audiovisuales (hechos artesanalmente y con las rudezas propias de un extraño a las herramientas de composición, que los acercan más a un tono de collages de retazos encontrados en la Web 2.0) que funcionan como líneas de fuga y ponen en evidencia los contagios de otras poéticas, ahora más literales y manifiestas que en Vocado de orfandad. La totalidad de PAISAJENO se divide en tres cuadernillos: “mal de abismo”, “interjecciones” y “no hay otro río”. Como ejemplo de las formulaciones, uno de los textos concebidos como parte de las prosas largas que se articulan bajo una intención biográfica, perteneciente al segundo cuadernillo.

 

 I  N  T  E  R  J  E  C  C  I  O  N  E  S

Sinsentir. Ladramos atentos al ritmo, no a la imposible traducción del worf! Hemos decidido devenir perrada antes que jauría… sin significado, acéfala, errante: manada sin sentido. Cartografiamos en el avance la frágil factura del silencio: está ahí para ser roto, para clavarle los caninos y desgarrar. Mientras los perros viejos contemplan embobados el paisaje, nos volvemos caníbales con un grito cuyo eco trasciende esta orilla, hasta un margen que está past the Isle of Dogs. [21]

Amnésicos. No somos una generación. Somos un derrame. Excesos. Durante quince años nos amamantaron con petróleo. Somos la contaminación entera de una selva. Agua sucia. Balanceo inorgánico. La pequeña gradación del azul de las chemises en cada recreo derivó en nuestros dientes: somos los hijos del hombre cordial. Álgebra de Baldor. Bocas miamorciteras que esperan poder colocar timbres fiscales incompletos. Movimiento rectilíneo uniforme. Método de Ruffini: la epifanía de la división sencilla.

Al liceo se va con el ruedo recogido, el emblema cosido y la mensualidad al día. Al liceo se entra afeitado y el vello no enorgullese. Medias blancas que nadie va a ver. Desmaquilladas y desodorados. Al liceo se entra cinco minutos antes del timbre, a formarse en filas por secciones, porque se canta el himno y no se come chicle. Al liceo se entra, del liceo no se sale. Nunca. El timbre miente. Nadie sale del liceo.

Afuera del portón todo marea. Es ilícito evadir el mundo usando el delirio. Nos enseñan que el sodio explota en contacto con el agua. Existen gotas capaces de hacer que cada uno de los colores se transformen en su contrario. Asustan. Papeles que se riegan para distraer los sonidos y encontrar en la garganta algún animal que nos prexiste. Expanden el oído. Laten. Solazan. Dilatan las pupilas. Liquida… sacude… dilata.

Seis años después, King Kong estuvo aquí. ¿Acaso nos trepábamos por las letras, como insensatos? En la sobriedad recuperada, desanudar la aventura de los ojos. Antes ascendían como las plegarias silbadas por ellos. Aviones libélula. Palabras gruñidas por las turbinas de quienes estuvieron afuera de esta ácida borrachera. Pero ya nada me quema la lengua. Durante veintiún años he soportado el sabor a metal en la boca. Tengo un motor clavado en mitad de mis muelas de juicio. No ha parado de torturar esa carnita blanda de lo rosado que no se llama encía. Las palabras habían escapado, temerosas de mi balbuceo. Hormigas. Ahora treparán, como las palabras pretendidas por mí. Lentas, sinuosas, dúctiles. He decidido sucumbir a ellas.

Hey, no me mires desde el puente. Hey, King Kong estuvo aquí. Desnudó mi alma entera con un dedo. Ánima: la razón es una rubia tonta que se cubre las tetas y actúa que actúa que es una actriz de cine. Soy una rubia tonta que se cubre las tetas y que descubre en la mirada de un mono inenarrable a la bestia que la habita. La razón apunta con los pezones. Pienso: soy una rubia que se cubre las tetas con piel de gorila, después de cazarlo mostrándoselas. Soy Jessica Lange. Soy Fray Wray. No, mi alma es el grito de Fray Wray cubriendo mis tetas de Jessica Lange como si fueran los pálidos montones de Ann Darrow. La razón no es otra cosa que dos tetas en stop-motion. El alma, en cambio, es un gigante capaz de suicidarse desde el paisaje más alto. ¿Paisaje? No: país ajeno, nostagia de jungla, ciudad pequeña.

En Isla Calavera, una píldora es capaz de convertir el mundo en las tetas de Ann Darrow. Ritalín. Metilfenidato. Torre de control. Desde los quince años, durante seis años, a los veintiún años. Busco debajo de los ojos la concentración. Sólo hay sonidos huecos. No huyas. Ya tendrás tiempo de escribir. Ven. Lee como todos. Escribe como todos. Distánciate como todos. Mira el paisaje. Torre de control. Metilfenidato. Cerraremos todos los canales. Cambio. Los quince años son, también, un quebranto.

[Alguna vez fui un bully bueno. Donkey Kong. Me esforzaba por desconcentrar a los adultos. Pelotica de goma. Mis víctimas eran los otros bullies. A veces no necesitaba partirles la boca ni amenazarlos con alguna cabilla abandonada. Activaba el dispositivo de la risa. Salgo y veo. Gulliver, Godzilla… cualquiera me temía. King Kong estuvo aquí. El edificio entero cooperando con la burla desbarataba a esos gigantes. Un, dos, tres por mí. Yo simplemente animaba a mi cabilla, le ponía alma. Por eso King Kong tenía a una rubia tapándose las tetas, mientras a Gulliver lo amordazaban y Godzilla rompía los mismos edificios. Entre bullies es una estupidez invocar la razón. Ritalín, Metilfenidato: King Kong estuvo aquí. La autoridad del récipe emitido y sellado. ¿Y si los maldigo aquí dentro del poema? Puedo concentrarme, tomar un par sólo para recordar cada una de las posologías y escupirlas, vomitar el juicio del facultativo. Acá desaparecen las licencias hipocráticas. King Kong estuvo aquí. Tengamos la decencia de convertir el paisaje en una ruina. ¿Paisaje? No: Empire State, Tokio, Liliput. Todas cayéndose en pedazos. País propio, país ajeno. Si quiere huir del sismo, apréndase el himno panamericano. Un canto de amistad, de buena vecindad: concéntrese]

Pero llega la edad de las interjecciones. Episodios que sólo pueden devolverse con un grito. La muerte temprana de los amigos. Los libros rotos. Las mudanzas producto de la sangre. La sangre. Las manchas de la sangre. Que los demás noten que te afeitaste, que estás engordando, que ya hablas más. Que los demás aplauden un corte de cabello, una ducha, doce quincenas seguidas en un empleo. Los demás en la misma estatura. Los demás son una ronda de cervezas.

Volví a despertar pasando los veinte años en esta ciudad de humo, capital de un país ajeno, calco de un mundo de mierda. Lo peor de mi ácida borrachera ha sido esta resaca histórica: hoy yo no recibiría un tiro por nadie, hoy dejo mi pecho en casa para no teñirlo de rojo. Y cuando vienen en masa recriminando mi epifanía apátrida les digo que si me quedo es porque leo, que yo no soy de aquí: me tiñe una mudanza.

Veintiún líneas me siguen recordando esa breve victoria. La lucidez tatuada me desvió la ruta al manicomio. Yo caminé hacia mi propio desvario: no quiero balbucear sin mis linternas. [Pronombre]. Sustantivo. Adjetivo. [Artículo] [Conjunción] Verbo. Adverbio. Preposición. Juego ilógico. Carga métrica. La poesía es poner a delirar el lenguaje, estirarlo, desgarrarlo, sacarlo de quicio. La voz, entonces, puede contagiarse de lenguaje: volverse objeto, no sujeto. Veintiún años y sentir que yo no seré como los de palabra lúcida, aunque mañana la voz incinerada nos despertara temprano, para que así cantara hacia otros ojos, como los pájaros precursados, porque llega la edad de las interjecciones: episodios que sólo pueden devolverse con un grito: Ey! ya no excuses en tus muertes / Ey! ya volverás a mí. // Cuando el amor se va, / no lo esperés / andate y mata un gil. / Cuando el amor esté, / aunque no esté / me está mirando a mí. *

Tengo desocupado el brazo armado. Desanimado. Como la razón. Tengo desarmado el ánima. Desbrazado. Ann Darrow ya no puede tapar sus tetas. Tampoco las exhibe.  Como la historia. Tengo la lengua quemada. Ácida. Como la poesía. Tengo atención, concentración, abulia. Como los demás. Así llega la edad de las interjecciones, episodios que sólo pueden devolverse con un grito. No me mires desde el puente. Ey! King Kong estuvo aquí.

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[21] “Rezuma el río / Aceite y brea / Zarandea las lanchas / El flujo cambiante / De la marea / Velas rojas / Anchas / A sotavento, meciendo la pesada verga. / Lanchas que arrastran / Troncos a la deriva / Rumbo a Greenwich / Más allá de la Isla de los Perros. /                     Weialala leia /                    Wallala leialala”.   T.S. Eliot. La tierra baldía (1922)

*Ey! ey ey! / no me mires desde el puente / Ey! ya volverás a mí. / Ey! nuestro amor es diferente, / ey! ya volverás aquí. // Cuando el amor se va, / viene King Kong / te rescata y sos free. // Cuando el amor está, / y lo mirás / Bailas y te reís. // Ey! ya no excuses en tus muertes / Ey! ya volverás a mí. // Cuando el amor se va, / no lo esperés / andate y mata un gil. / Cuando el amor esté, / aunque no esté / me está mirando a mí”. “La rehén o la novia”. Charly García. Track 4 (02:39). Kill gil (2007).


Para ver los videos referenciales que complementan a los poemas del proyecto PAISAJENO, haga click en el título del poema. Para verlos todos, haga click aquí o acá.

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