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APERITIVOS
[largo epígrafe] 

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Mecagoentuputamadre
   [de Gonzalo Escarpa]

llora un niño como si tuviera / lleno de estrellas un pulmón / los servicios de atención al cliente / no son servicios ni atención ni cliente / el corte inglés anuncia un nuevo cierre del balance económico anual / adivina adivinanza / ¿gana o pierde? / ¿pierde o gana? / la burbuja económica y la utopía del cemento armado / hasta los dientes / los de siempre se descojonan como siempre y donde siempre / qué guay qué guay qué guay / otra bonita montanbaik / que le toca al de al lado / en barcelona basurama repasa el número creciente de obreros muertos en las obras de la emetreinta / sicreequelohavistotodovengaamadridyverácosasincreíbles / la fiambrera obrera lanza pollas de globo (el glande rojo, un huevo morado, otro huevo amarillo) / desde un ático céntrico el día de la boda real / dionisio cañas llama ‘maricón’ a una flor / la poesía no es un arma cargada de futuro / la poesía no es una méquina dalicada / la poesía no es la prosa que se mueve / la poesía, ni muchísimo menos, eres tú / llamemos a las cosas por su nombre / la poesía es ritmo, rima (o no) y risa / la poesía, según juan larrea, es esto y esto y esto / la poesía, según antonio orihuela, es acción, resistencia, posibilidad de cambio, cambio de posibilidad, posición, lucidez, bocadillo de bruma, bala, voz / la poesía, según nicanor parra, es llamar a las cosas por su nombre pues venga://esperanza aguirre, me cago en tu puta madre / alberto ruiz gallardón, me cago en tu puta madre / josé luis rodríguez zapatero, me cago en tu puta madre / josé maría aznar, me cago en tu puta madre / si tengo que recurrir al insulto es porque no me queda otra / si tengo que recurrir a la poesía es porque no me queda otra / hay quien piensa que la poesía no puede caer en el insulto / me lo dicen constantemente / en las lecturas, en las esquinas, en los márgenes de los poemas / pero yo creo que el insulto es otro / y que cualquier palabra, si nos ponemos, puede ser malsonante / pero yo creo que hay que responder / yo creo que ninguna pregunta debería quedar sin su respuesta / creo que la creación es también, simplemente, una buena pregunta y una buena respuesta / lo insultante es quedarse parado / yo no tengo la culpa / yo no tengo la culpa / pero tampoco tengo la respuesta / yo no tengo la culpa de que tú, poeta de salón, endecasilabizado amigo de raquíticas revistas culturales, sigas pensando que la poesía se la debe coger con papel de fumar, / o bien podría decir, / para que me entendieras, / yo no tengo la culpa de que sigas pensando que la poesía briza sus fulgores y nada sabe de cacarear, / y te respondo porque todo tu cuerpo y sus acciones no son más que preguntas / mira, ya que me pongo: // poeta de salón, me cago en tu puta madre / a este poema no se le pueden caer los anillos por una puta más aquí o allá / parreño aníbal pino ory botas merlo aguado costafreda camacho salgado moreno parody / qué sería del parnaso sin vuestro permiso / qué sería del mundo sin terceras partes / qué sería sin terceros mundos / sin responsabilidades a terceros / qué pasaría si nunca pasara nada / publicista de la comunidad de madrid / diseñador de escombroesútil / me cago en tu puta madre / las lilas siguen intentando que el feminismo sea un movimiento y no una parada de autobús / nodo50 se levanta contra todo lo que no signifique RED / y a mí me encantaría escribir sobre el mar, pero no es plan / me encantaría vivir en una casa con jardín, pero no es plan / urbanístico / me encantaría que hace algunos años no me hubiera perseguido un coche de la guardia civil con las luces apagadas y sobre todo que de ese coche no hubiera bajado nadie para registrarme y acusarme de cometer un delito contra la salud pública por llevar medio gramo de marihuana que vino a convertirse en cuatro gramos por obra y gracia de la burocracia para poder obligarme después a pagar 50005 pesetas de las de antes / pero eso fue exactamente lo que pasó / porque ése era exactamente su plan / así que no me vengas a decir / que la poesía no tiene lugar / que nadie sabe lo que es la poesía / que no quedan motivos ya para la poesía / que la poesía no sirve para nada / así que no me vengas a decir lo mismo / del compromiso, de la resistencia, de los abrazos, de la claridad no vengas con tu máscara de jarcias arboladas, no vengas con tus albos jinetes del amor, / porque no queda tiempo y la tristeza / es justo la alegría / del enemigo.

ENTRADA
[textos de ida y vuelta de César Segovia] 

No, Ícaro:
A tu padre Miseria le sacó
toda la reseca hoja.
Tales alas alejaron islas aledañas,
a la mar, al allá con los lasos apagados,
aparejo alejado, rocas de sal…
La sed sacó rodaje.
La ojera pasó daga, pasos al sol.
No calla la rama, la saña de la sal sí.
No raje las alas: el atajo hace ser alado.
Tocas el aire… si medra.
¡Puta oración!

*  *  *

Ramal azul, ácido temor:
Afrodita baraja blasones.
Sus amos asaltan ocres ropajes.
No calaron giras operáticas.
Eran agradecidos, eran ellos.
Era su ropa… Es ayer.
Casa mal asegurada se parte,
la sumerge.
La divina vuela, va, da negrura más allá.
Fe dan ellas a cada casa llena de fallas.
Amar urge: nada vale uva ni vid.
Alegre musa, letra pesada ruges.
¡A la masacre! Ya sea por usar eso.
Llenar –eso dice–, dar, ganar esa cita,
reposar.
Ignora la conseja por ser con Atlas.
Asoma sus senos al bajar.
Abatidor faro,
metódica luz a la mar.

PRIMERO
[carne filmada, cayendo, asesinada por la belleza (no fueron los aviones)] 

I  N  T  E  R  J  E  C  C  I  O  N  E  S

Sinsentir. Ladramos atentos al ritmo, no a la imposible traducción del worf! Hemos decidido devenir perrada antes que jauría… sin significado, acéfala, errante: manada sin sentido. Cartografiamos en el avance la frágil factura del silencio: está ahí para ser roto, para clavarle los caninos y desgarrar. Mientras los perros viejos contemplan embobados el paisaje, nos volvemos caníbales con un grito cuyo eco trasciende esta orilla, hasta un margen que está past the Isle of Dogs. [21]

Amnésicos. No somos una generación. Somos un derrame. Excesos. Durante quince años nos amamantaron con petróleo. Somos la contaminación entera de una selva. Agua sucia. Balanceo inorgánico. La pequeña gradación del azul de las chemises en cada recreo derivó en nuestros dientes: somos los hijos del hombre cordial. Álgebra de Baldor. Bocas miamorciteras que esperan poder colocar timbres fiscales incompletos. Movimiento rectilíneo uniforme. Método de Ruffini: la epifanía de la división sencilla.

Al liceo se va con el ruedo recogido, el emblema cosido y la mensualidad al día. Al liceo se entra afeitado y el vello no enorgullese. Medias blancas que nadie va a ver. Desmaquilladas y desodorados. Al liceo se entra cinco minutos antes del timbre, a formarse en filas por secciones, porque se canta el himno y no se come chicle. Al liceo se entra, del liceo no se sale. Nunca. El timbre miente. Nadie sale del liceo.

Afuera del portón todo marea. Es ilícito evadir el mundo usando el delirio. Nos enseñan que el sodio explota en contacto con el agua. Existen gotas capaces de hacer que cada uno de los colores se transformen en su contrario. Asustan. Papeles que se riegan para distraer los sonidos y encontrar en la garganta algún animal que nos prexiste. Expanden el oído. Laten. Solazan. Dilatan las pupilas. Liquida… sacude… dilata.

Seis años después, King Kong estuvo aquí. ¿Acaso nos trepábamos por las letras, como insensatos? En la sobriedad recuperada, desanudar la aventura de los ojos. Antes ascendían como las plegarias silbadas por ellos. Aviones libélula. Palabras gruñidas por las turbinas de quienes estuvieron afuera de esta ácida borrachera. Pero ya nada me quema la lengua. Durante veintiún años he soportado el sabor a metal en la boca. Tengo un motor clavado en mitad de mis muelas de juicio. No ha parado de torturar esa carnita blanda de lo rosado que no se llama encía. Las palabras habían escapado, temerosas de mi balbuceo. Hormigas. Ahora treparán, como las palabras pretendidas por mí. Lentas, sinuosas, dúctiles. He decidido sucumbir a ellas.

Hey, no me mires desde el puente. Hey, King Kong estuvo aquí. Desnudó mi alma entera con un dedo. Ánima: la razón es una rubia tonta que se cubre las tetas y actúa que actúa que es una actriz de cine. Soy una rubia tonta que se cubre las tetas y que descubre en la mirada de un mono inenarrable a la bestia que la habita. La razón apunta con los pezones. Pienso: soy una rubia que se cubre las tetas con piel de gorila, después de cazarlo mostrándoselas. Soy Jessica Lange. Soy Fray Wray. No, mi alma es el grito de Fray Wray cubriendo mis tetas de Jessica Lange como si fueran los pálidos montones de Ann Darrow. La razón no es otra cosa que dos tetas enstop-motion. El alma, en cambio, es un gigante capaz de suicidarse desde el paisaje más alto. ¿Paisaje? No: país ajeno, nostagia de jungla, ciudad pequeña.

En Isla Calavera, una píldora es capaz de convertir el mundo en las tetas de Ann Darrow. Ritalín. Metilfenidato. Torre de control. Desde los quince años, durante seis años, a los veintiún años. Busco debajo de los ojos la concentración. Sólo hay sonidos huecos. No huyas. Ya tendrás tiempo de escribir. Ven. Lee como todos. Escribe como todos. Distánciate como todos. Mira el paisaje. Torre de control. Metilfenidato. Cerraremos todos los canales. Cambio. Los quince años son, también, un quebranto.

[Alguna vez fui un bully bueno. Donkey Kong. Me esforzaba por desconcentrar a los adultos. Pelotica de goma. Mis víctimas eran los otros bullies. A veces no necesitaba partirles la boca ni amenazarlos con alguna cabilla abandonada. Activaba el dispositivo de la risa. Salgo y veo. Gulliver, Godzilla… cualquiera me temía. King Kong estuvo aquí. El edificio entero cooperando con la burla desbarataba a esos gigantes. Un, dos, tres por mí. Yo simplemente animaba a mi cabilla, le ponía alma. Por eso King Kong tenía a una rubia tapándose las tetas, mientras a Gulliver lo amordazaban y Godzilla rompía los mismos edificios. Entre bullies es una estupidez invocar la razón. Ritalín, Metilfenidato: King Kong estuvo aquí. La autoridad del récipe emitido y sellado. ¿Y si los maldigo aquí dentro del poema? Puedo concentrarme, tomar un par sólo para recordar cada una de las posologías y escupirlas, vomitar el juicio del facultativo. Acá desaparecen las licencias hipocráticas. King Kong estuvo aquí. Tengamos la decencia de convertir el paisaje en una ruina. ¿Paisaje? No: Empire State, Tokio, Liliput. Todas cayéndose en pedazos. País propio, país ajeno. Si quiere huir del sismo, apréndase el himno panamericano. Un canto de amistad, de buena vecindad: concéntrese]

Pero llega la edad de las interjecciones. Episodios que sólo pueden devolverse con un grito. La muerte temprana de los amigos. Los libros rotos. Las mudanzas producto de la sangre. La sangre. Las manchas de la sangre. Que los demás noten que te afeitaste, que estás engordando, que ya hablas más. Que los demás aplauden un corte de cabello, una ducha, doce quincenas seguidas en un empleo. Los demás en la misma estatura. Los demás son una ronda de cervezas.

Volví a despertar pasando los veinte años en esta ciudad de humo, capital de un país ajeno, calco de un mundo de mierda. Lo peor de mi ácida borrachera ha sido esta resaca histórica: hoy yo no recibiría un tiro por nadie, hoy dejo mi pecho en casa para no teñirlo de rojo. Y cuando vienen en masa recriminando mi epifanía apátrida les digo que si me quedo es porque leo, que yo no soy de aquí: me tiñe una mudanza.

Veintiún líneas me siguen recordando esa breve victoria. La lucidez tatuada me desvió la ruta al manicomio. Yo caminé hacia mi propio desvario: no quiero balbucear sin mis linternas. [Pronombre]. Sustantivo. Adjetivo. [Artículo] [Conjunción] Verbo. Adverbio. Preposición. Juego ilógico. Carga métrica. La poesía es poner a delirar el lenguaje, estirarlo, desgarrarlo, sacarlo de quicio. La voz, entonces, puede contagiarse de lenguaje: volverse objeto, no sujeto. Veintiún años y sentir que yo no seré como los de palabra lúcida, aunque mañana la voz incinerada nos despertara temprano, para que así cantara hacia otros ojos, como los pájaros precursados, porque llega la edad de las interjecciones: episodios que sólo pueden devolverse con un grito: Ey! ya no excuses en tus muertes / Ey! ya volverás a mí. // Cuando el amor se va, / no lo esperés / andate y mata un gil. / Cuando el amor esté, / aunque no esté / me está mirando a mí. *

Tengo desocupado el brazo armado. Desanimado. Como la razón. Tengo desarmado el ánima. Desbrazado. Ann Darrow ya no puede tapar sus tetas. Tampoco las exhibe.  Como la historia. Tengo la lengua quemada. Ácida. Como la poesía. Tengo atención, concentración, abulia. Como los demás. Así llega la edad de las interjecciones, episodios que sólo pueden devolverse con un grito. No me mires desde el puente. Ey! King Kong estuvo aquí.

————————

[21] “Rezuma el río / Aceite y brea / Zarandea las lanchas / El flujo cambiante / De la marea / Velas rojas / Anchas / A sotavento, meciendo la pesada verga. / Lanchas que arrastran / Troncos a la deriva / Rumbo a Greenwich / Más allá de la Isla de los Perros. /                     Weialala leia /                    Wallala leialala”.   T.S. Eliot. La tierra baldía (1922)

*Ey! ey ey! / no me mires desde el puente / Ey! ya volverás a mí. / Ey! nuestro amor es diferente, / ey! ya volverás aquí. // Cuando el amor se va, / viene King Kong / te rescata y sos free. // Cuando el amor está, / y lo mirás / Bailas y te reís. // Ey! ya no excuses en tus muertes / Ey! ya volverás a mí. // Cuando el amor se va, / no lo esperés / andate y mata un gil. / Cuando el amor esté, / aunque no esté / me está mirando a mí”. “La rehén o la novia”. Charly García. Track 4 (02:39). Kill gil (2007).


PARA LIMPIAR EL PALADAR
[intermedio refrescante de César Segovia] 
¡So milico!
Con oírnos serás aire solo,
lo serías.
Ares sonrió…
no cocí limos.
*  *  *
Eso no lo volamos:
¡Revolución!
—¿Oí “culo”?
—Verso malo…
—¿Voló?
—No sé… 
*  *  *
El rastro de mi sangre
en la miel de los días que pasan.
El rostro de la miel
en mi sangre
que no pasa un día
sin mirar.
*  *  *
¡A la masacre!
A la masiva castración
de todo en lo que alguna vez
                                   creímos.¡A la máscara!
A la manida cáscara de hipocresía
que crece,
                 que mancha.¡A la miseria!
A la minúscula miasma
que magnifica,
que mastica todo.¡A la máquina!
A la mórbida angina,
anquilosada,
                     mediocre.

¡A la máquina! 
SEGUNDO
[abreboca petrolero] 

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EL HOMBRENDT NUEVO. We’re the new man./ You’re the new man./ New gas, new fossil,/ new vestige. We’re docile./ We’re the new man.// Somos un petróleo pesado, aunque no tanto como el West Texas intermedio./ Un aproximado de 0,39% de sulfuro confiesa lo cerca que estamos del infierno./ Tenemos sobrepeso. Aunque no tanto. Somos el hombre nuevo: sin invierno.// We’re the new man./ You’re the new man./ New bones, new skin,/ grow up in burger king./ You’re the new man.// Somos un petróleo dulce, aunque no tanto como el West Texas intermedio./ No tenemos altos contenidos y por eso nos refinan en Europa Noroccidental./ Tenemos caries. Aunque no tantas. Somos el hombre nuevo: nada mal.// We’re the new man./ You’re the new man./ New bones, new skin,/ grow up in burger king./ You’re the new man.// Somos un petróleo caro, aunque no tanto como el West Texas intermedio./ Cuando los precios de mercado son bajos, nos exportan desde el Mediterráneo por cinco duros./También en la costa este del Imperio. Pagan en efectivo. Aunque no tanto./ Somos el hombre nuevo: el petróleo del futuro.// We’re the new man./ You’re the new man./ New bones, new skin,/ grow up in burger king./ You’re the new man.

REFORMING CATALÍTICO. Soy una versión pirata de lo que recuerdo de mí mismo./ Sí, ahora me gustan los desfiles./ Soy una versión barata. De menor calidad, casi lo mismo./ Sí, ahora me gustan los desfiles./ Soy un alcano deshidrogenado. De cadena abierta. Cíclico.// Aromáticos. Benceno. Tolueno. Xilenos./ Catalízame, platino. Billo místico.// Soy una versión pirata de lo que recuerdo de mí mismo./ Pero en el reforming no ha cambiado mi número de átomos de carbono.// Soy una versión barata. En sonido mono, casi lo mismo./ Mi carga no varía.// Ciclohexanos sustituidos convertidos en bencenos./ Parafinas lineales convertidas en tolueno./ Ciclopentanos sustituidos convertidos en aromáticos./ Aromáticos. Benceno. Tolueno. Xilenos./ Catalízame, platino. Billo místico.// Soy una reacción a través de iones carbono.//Sí, ahora me gustan los desfiles.

95: El negro asfalto elevado hasta crear la sombra./ En oposición al verde hicimos autopistas./ Oscurecimos la cenitalidad divina./ Pero aun así pululaban palmeras ajenas./ Los helechos se reproducían como amibas./ Pencas de sábila floreaban en las orejas./ Entonces nos fue enviada la bendición del humo./ Debajo de los grandes pilotes, el monóxido./ Cada familia encendió sus motores inmóviles./ El humo convertido en  democracia cromática./ La luz ya no tendría sentido en nuestro trópico./ Un cementerio enrareciéndonos la atmósfera./ “Al fin muertos”, mitad amor y mitad catástrofe./ Y entonces nos besamos sin aire y estrambóticos.

PARA LIMPIAR EL PALADAR
[Rotterdam — Louise Michel — Mаяковская]

La memoria del tránsito es invención y recurrencia: vueltas y revueltas descubiertas en el desatino de un ego manchado. El tránsito es tropel arrastrado en el amanecer que surge en la ventana de un tren, en el recuerdo de los hermanos caídos, en la lágrima que rebota en el confín de las edades que me abandonaron tan pronto, hace tanto, tan sin razón.

La infinita memoria de los trenes transita por mis vísperas como un cronómetro reseco, impecablemente preciso, pero reseco con la resequedad de una garganta expuesta durante años a los ojos del diablo.

Su tren salió, desmemoriado, para perderse en el olvido de otro tránsito. Mi tren, mis trenes y su memoria, van y vienen, puntuales, inmisericordes, transparentes. No esquivan su indeterminación, no huyen del insomnio para soñar un sueño traidor. Sonámbulos, imperturbables, obsesivos, hacen su recorrido [ida y vuelta], siempre idénticos cuando van, siempre idénticos cuando vienen.

A tu paso, de seguro, ruge su tren opaco, bala negra, metralla, harapos acusadores, órgano de los reveses. Ella conoce la ruta, nada más. Ama su solo norte. Clarea… Claro… Locomotora pesada, nociva. Tal amor recae si sale, no como talla roma, lisa…
Así, la moral la tomó con él. ¡Así sea! Cerró mal atávico, nada separó. Tomó color al caer, al cetro. No los usa más. Amada, natural eco: no calles. Ese verso le dona, grosero; da su caso para hallarte (margen a la boca), poner tu seguro… ¡Ruge, sedosa puta!*

Surge de la memoria de algún tren que no desprecies. Despierta de ese sueño y retira la seda que precariamente te cubre los tobillos. Reinventa tu memoria, como siempre, y desmiente las sombras de este andén que fue tan poco, tan nada menos que tu columna.

Despierta y calla. Deja pasar, por una vez, la memoria inverosímil de los trenes.

PRINCIPAL
[consumo de hidrocarburos] 

Megatherium, not yet
(fragmento, esperando que se pudran las raíces del primer Hevea brasilensis!)

Divina Poesía, /      tú de la soledad habitadora, a consultar tus cantos enseñada /
con el silencio de la selva umbría, tiempo es que vuelvas ya a esa culta Europa
que tu nativa rustiquez desama.

Mientras, nosotros venceremos.

Haremos un secreto milenario de ese nuestro ocio de chicle:
haremos una bomba honda, rosada.
Masticaremos: así usaremos la boca en silencio
masquemos, masquemos, masquemos
como si en la intermitencia se nos fuera la vida
y venceremos

que el hedor a canela|tutti-frutti no permita
que la idea se nos salga vuelta idea
que ni siquiera entre un nuevo bocado: masquemos, mastiquemos, masticados.

Venceremos, venceremos, venceremos.

Treparemos hasta la insomne epifanía del mamón para decir,
decir (chupando), decir (encandilados), decir (en mamón macho):
Este es el aposento, / testigo de un dolor nunca explicado, del drama fugitivo
de un momento 
(y en un violento fin inesperado | lanzarnos de cara contra el suelo
porque ni el buen mamón nos ha escuchado)

mas venceremos.

Resolveremos la gran novela común:
daremos cuerpo a las ficciones acordadas
y sin miedo narraremos las noveletas de la patria, de la muerte
porque tenemos épica, señora
porque sabemos exportar ejércitos
y nos aseguramos de que en nuestros billetes
por fin sonrían un negrito, una niñita, un indiecito,
¡tamboré!

Perezosos gigantes
junto a otras especies en extinción.

Por eso, con suerte, venceremos.

Vuelva, D. P., a sus ciudades con canal para ciclistas
porque acá tenemos soberanía subterránea
chicle negro y pesado que mueve al autobús, al tanque y al ministro
venceremos.

Mil perezosos gigantes se han derretido debajo de mi casa desde el Pleistoceno.
Un millar de megaterios abrasados, hidrocarburos, combustibles,
una manada de megaterios vuelta chorro negro, Mene Grande.

Zumaque 1, venceremos.

Ya no habrá alocuciones, D.P., sino comunicados:
memoranda, notificación y último aviso.

No habrá tiempo para leer, usted perdone,
pero lleve el control de las circulares numeradas,
venga mañana a las cinco y pida un número,
hablaremos con usted y con la tierra en lenguas muertas
(pachamamabrasandomegatheriums)
y venceremos.

Nuestra bomba de chicle cooperante, colectiva y vuelta masa
esfera fucsia que explotará contra un zarcillo
punzante, afilado, verde oliva.
No un pendiente… no, señora: un zarcillo
un zar menudito que destella con el dorado de las caponas
que contrasta tanto verde oliva en derredor:
bomba de chicle, bomba de gasolina, bomba de tiempo, venceremos.

El hombrenuevo tiene 2.000 años
(o un poco más), D.P., 25 siglos, más o menos
(o un poco más)
Pero todavía no, D.P.

Megatherium, not yet,
not yet. Not yet.

Espera un poco, un poquito más.
Deja que pase | otro ratito | de felicidad
y venceremos.

“Venceremos, venceremos, venceremos”;

Perezosos gigantes: venceremos…
todos, como los megaterios, algún día caducaremos
de nuevo
expiraremos
venceremos,
venceremos,
venceremos.

POSTRE
[a propósito de Eduardo Moga] 

Corre un brazo de agua por entre las casas. Es el agua de una fuente situada a la cabecera del pueblo, que recoge la lluvia y los deshielos. Ciñen el regato edredones de hierba, que permanecen suspendidos —apenas unos centímetros— por encima del cauce estrecho, festoneando el agua con sus raicillas enmarañadas. [Se me ocurren otras metáforas, que me resulta doloroso descartar: las raíces son ovillos de terminaciones nerviosas; su vuelo no es un festón, sino un alero]. El arroyo baja con ruido: es un fragor galvánico, contrapunteado por cristales urgentes; tiene huesos: carámbanos y piedras. Tras la última casa, se abre un amplio prado, que se funde con las primeras estribaciones de las Peñas Altas. Señorea el campo un grupo de vacas asustadizas, con varios terneros y, en su centro, un toro zaíno, de testes como vasijas, que fiscaliza, ceñudo, a su harén.

Uno de los lechales mama con afán, aunque su madre recela de nuestra presencia y, al apartarse, le sustrae la teta. La cría la persigue, con jaleo de esquilas, y vuelve a acoplar el morro al pezón. Christian me cuenta que los zorros acuden a los partos para comerse las placentas, un festival de proteínas. «Dame los calostros de la primavera/como ofreces al zorro las placentas/ que olvidan los dormidos recentales», ha escrito. Y también: «Dame las fértiles primicias de tu luz». Desplazan las vacas, sin escorarse, sus rectángulos sin fin; menean las testuces y las ubres, azulejadas de lentitud. Bronces desvaídos menoscaban una piel de blancura excesiva. La bosta, que despierta el júbilo de los insectos, exuda geometría. Pronto se recubre de una placa quebradiza como el merengue, bajo la que conserva una humedad inaugural. A su lado, un delirio de jazmines.

[Describir es más difícil que opinar, decía Josep Pla, un labriego con alma de orfebre. Pero toda descripción esconde un juicio].

Subimos un primer repecho pedregoso y alcanzamos el estanque, que rebosa de agua verde. Parpadean ojos de lluvia en el tapete opaco: se abren al contacto de las gotas, pero no se cierran contrayéndose, sino dilatándose. [Se me acumulan las imágenes, que férreamente desecho: son rasguños de asombro, circunferencias de asombro, pupilas sin ojo; orvalla el cielo como si se desmenuzara]. De un rincón del embalse, anillado de coníferas, escapa el agua sobrante. La breve cola de caballo se pulveriza entre piedras aguzadas. La caída, desde lo alto, carece de la continuidad con la que se aprecia desde el suelo: es un revoltijo de grumos de espuma y estallidos esmerilados.

[En el perol se congregan las lentejas, petrificadas en su ondulación. Cuando las hiende el cazo, se interrumpe su pastosidad, y baten contra los islotes marfileños de las patatas. Alborotadas, se articulan en ganglios y jorobas; abundan las refriegas con los dados de zanahoria y los tarugos de chorizo. Caen en el plato, pero no se deshacen: concilian lo glutinoso con lo individual. Y se disponen como una coraza virolosa, que desafía a la cuchara].

El camino progresa hacia las cumbres, tras las cuales se abre la meseta de la Cerdanya. Pasamos frente a una formación rocosa formada por sucesivos estratos de piedra: cada capa se dispone con pulcritud sobre la anterior. El negro del bloque oscila: de la oscuridad unánime de las más antiguas al azabache reticente de las más jóvenes, miniado de yesos crepusculares, guanos lácteos y esguinces irisados. Las monstruosas contracciones que moldearon este hojaldre basáltico actuaron con la precisión de un neurocirujano. Una vegetación titubeante empenacha su cráneo.

DIGESTIVO

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[Fragmentos de “Fraternidad” de Manuel Vilas,
a mi hermano Santiago Acosta, secuestrado por la felicidad en San Francisco] 

Me gustan las calles iluminadas de la ciudad el sábado por la noche, cuando llega el invierno y la gente decide vivir.
Me seduce el olor a mozzarella y a orégano de las pizzerías.
Me enloquecen los billetes de 500 euros. Todas las formas de la vida son buenas.
Me encantan los nadadores que nadan desnudos, en mitad del Pacífico, bajo un sol compasivo, esperando la caída del cielo sobre sus hombros ateridos.
Me encantan las ganas de nadar.
Adoraba a los comunistas, sus rojos atuendos, su estrella roja en la frente de mármol, su espíritu fortificado. Soy un buitre enamorado. Ningún problema conmigo, sólo soy encantamiento, oyes, ningún problema con un tipo como yo.
Soy el mejor de los hombres.
Si te deja tu mujer, beberé contigo toda la noche y te devolveré la serenidad, porque soy un buen tipo y te quiero. Porque os quiero a todos y a todas. Me encanta estar aquí, como un árbol duro.
Me encantan los coches oficiales que salen en la televisión. Me enloquecen los zapatos siempre nuevos del Presidente. Amo los peinados y las colonias y los collares y los bolsos babilónicos de las ministras. Eh, adoro Babilonia.
Me enamoro de los ascensores de los hoteles de lujo, de una limpieza insuperable, oliendo a abundante y sereno perfume industrial categoría A a las ocho y media de la mañana y pienso en las manos torturadas de las chicas de la limpieza, cobrando miseria, en sus alianzas, en sus pulseras.
Me enamoro de las camareras, torturadas, ofendidas.
Me encanta el sol, las calles con sol.
Qué bien que exista el sol, yo te concibo.
Qué bien que existan las estrellas, yo las concibo, yo perdono su lejanía, yo las perdono, yo perdono su incomparecencia en esta mano, en esta carne.
Adoro a las camareras y su protagonismo en la historia universal. Me encantan las escaleras mecánicas: estar en ellas, subido allí, meditando, como un sultán tetrapléjico.
Adoro a los tetrapléjicos. Adoro a los paralíticos cerebrales. Adoro a los ciegos. Amo a los inválidos, a los deficientes. Me encantan las nuevas terminales de los cajeros automáticos, esos números verdes, grandiosos, emitiendo luz, sacando dinero, mucho dinero, todo el dinero.
No tengo paz, no la conozco.
Adoro a Frankenstein —ese superdotado—, mi hermano, mi semejante. Me encantan los ancianos. Me encantan las Residencias de la Tercera Edad construidas en las circunvalaciones que cercan Madrid, Sevilla, Barcelona, Bilbao, Málaga, Valencia y Zaragoza.
Amo las ciudades porque amo cualquier cosa que sea más grande que mi cuerpo.
De haber nacido en Estambul, también hubiera sido pobre, hubiera tenido que arrastrarme detrás de los turistas, vendiendo cucharas de madera y colonias falsas, vendiendo pulseras y relojes y camisetas y cinturones y ropa interior falsificada. Adoro las falsificaciones. El mundo es una falsificación permanente.
Sólo la pobreza es grande como el sol, la nieve y la sangre.
Y amé Sevilla, y me bañé en el Guadalquivir, nadando a la vera del aceite industrial, de residuos hipertóxicos. Amo la basura, porque la poesía vive ya con la basura.
Amé el aire de Chernobyl como amaré las vísceras blancas de la última ballena en Canadá.
Adoro la carne que tiran a la basura en los restaurantes de lujo: voluminosos cubos negros de basura con gigantescas bolsas azules, donde se amontonan los solomillos y las langostas, que la gente rica abandona en sus platos grandes y brillantes. Me conmueve la comida que sobra en París todos los días: diez mil kilos de inocente vacuno importado deArgentina, muerto en vano.
Deja que bese tu frente de acero.
Me encantan las Ray Ban doradas y verdes con que protejo mis ojos de la radiación de la vida. Me encanta mirar el flujo venenoso de las cosas y el beso raro de la luna.
Tenéis suerte de tenerme como hermano porque soy el mejor. Hermano de los pueblos oprimidos y con ganas de oprimirlos aún más, hasta convertir esos pueblos en huracanes y tempestades y tifones y catástrofes.
Mi corazón es un escaparate lleno de baratijas de Oriente y de Occidente.
Mi corazón es una estepa rusa con armas automáticas.
Mi corazón es una revolución llena de ahorcamientos, fusilamientos, millones de golpes contra los inocentes.
Beso a los inocentes.
Amo a los inocentes.
Moriría por ellos sin pensarlo una milésima de segundo.
No juzgaré la vida.
Amaré y no seré responsable.
Beso a quienes no tienen nada.
Beso a quienes han perdido.
Beso a quienes nadie besará.
Beso la luz.
Deja que bese tus labios de mármol.
Beso a los inocentes.

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